En aquellos años, no se consultaba al psicólogo, la formula popular decía; con los chicos problemáticos un buen sopapo arregla todo. De todas formas algunos pudimos sobrevivir.
Las fotografías caseras, se tomaban con máquinas de fuelle o de cajón Kodak. En las plazas con su artefacto sobre un trípode de madera, delantal gris y gorra operaba el fotógrafo al aire libre. Para hacerlo, cubría el aparato y la mitad de su cuerpo con un largo lienzo , dando forma a una especie de mini carpa de la cual surgía su brazo gesticulando para lograra el encuadre. Revelaba la foto en el momento y sólo era una. Para trabajos de importancia se concurría a Estudios de ganada fama profesional donde además revelaban los rollitos caseros.
Hacer la colimba significaba enrolarse en el servicio militar obligatorio, servir a la patria y hacerse hombre. La duración de la experiencia militar abarcaba un año en el Ejército y dos años en la Marina, según las matemáticas, siendo marino deberías salir del servicio doblemente más hombre.
Los instructores militares pontificaban: aquí se aprende a querer a la Patria, el dicho popular en contrapunto, expresaba que después de pasar por los cuarteles se aprende a querer a la madre.
No teníamos televisión (inaudito para los niños de hoy) pero existía la radio ejerciendo una atracción similar a los actuales rectángulos de plasma. Por las noches, la familia reunida frente a la moderna radio a válvulas aguardaba expectante la trasmisión en directo desde el estudio radiofónico de las broadcasting. Al girar la perilla de encendido, la figura de un pequeño globo terráqueo inserto en el frente del artificio se iluminaba con lentitud; llegada la luz al máximo de su esplendor comenzaba el prodigio sonoro.
El infante que se portaba mal; a la cama sin radio, igual algo se escuchaba detrás de la puerta, pero no era lo mismo hacerlo formando parte de la experiencia grupal.
En aquellas noches de radio quedamos atornillados a la silla oyendo José Tresenza interpretando los enigmas de “Peter Fox lo sabía” o los tangos del “Glostora Tango Club “, dedicado a la juventud triunfadora. Día a día las damas vivían pendientes de los culebrones del radioteatro del aire, donde los malos era horrendamente perversos y los buenos sacrificadamente nobles. Los domingos el magistral relato futbolero de Don Enzo Ardigó nos emocionaba y desataba nuestra imaginación. No se medía el raiting, pero se registró un récord de audición difícil de igualar, ¡Qué pareja!, con Blanquita Santos y Héctor Maselli. La emisión de quince minutos diarios reflejando la vida de una familia de la naciente clase media perduró veintidós años.
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El Cine. Los niños en época de vacaciones concurríamos hasta dos veces por semana. Se estilaba comer durante la proyección. En el barrio se proyectaban en el desparecido Pte. Mitre, capítulos semanales de Flash Gordon, La Invasión de Mongo , Tom Mix .
El fútbol de primera división. Los estadios se colmaban de multitudes. Se disputaba un solo torneo a lo largo de todo el año. Las crónicas de los partidos recibían en los diarios y la radio un tratamiento escueto.
Los paseos al aire libre eran limitados en opciones. Visitábamos el Zoológico, los Lagos de Palermo, el Parque Japonés de Retiro. En época estival se busca el frescor de las aguas en el Balneario Municipal de la Costanera Sur, las riberas de Vicente López, Olivos o Punta Chica. Se salía de picnic a lugares lejanos de Buenos Aires, como Luján o los recreos del Tigre. La excursión reunía a familiares y allegados, si alguien ofrecía como transporte su camión aquello se convertía en rudimentario safari. Todos arriba del mionca junto con las bebidas, las hamacas, el perro, la parrilla, cuasi una mudanza.
Los envases eran de grueso vidrio y hojalata. Los comerciantes utilizando papel de estraza, embalaban con destreza sin par los productos vendidos al menudeo. Cada cliente llevaba su propia bolsa de compras.
Coca Cola aún no había llegado al país. Se consumían popularmente como bebidas sin alcohol , a Granadina, el Naranjin y caseramente jugo de limón con agua y azúcar y el mate cocido frío.
Mac Donald’s era inexistente; en verdad no existían negocios gastronómicos dedicados a la niñez. Los únicos lugares apropiados eran los inmaculados locales de la La Martona donde pedíamos leche batida con crema y vainillas.
El peinado de los varones se estilaba con raya al medio, a la cacheta, con cola de pato o jopo, cada estilo definía lo que hoy llamaríamos una tribu urbana.
Desodorantes; como producto específico, no se elaboraban. Diversas era las fórmulas caseras y no todos las utilizaban. Una de ellas requería pasar un algodón con perfume por las axilas y espolvorearlas con bicarbonato en polvo. Luego llegó el desodorante en barra y a bolita.
¿La homosexualidad? de eso no se habla.
Autos y teléfonos , ambos mayoritariamente de color negro y escasos El color blanco o gris identificaba a los automóviles de alta gama, Packard, Hispano Suizo, Buick .También eran blancos los teléfonos de lujo que se veían en los films. Pocos particulares poseían teléfono en la casa. Por lo general los almacenes y las farmacias los tenían. Aquellos vecinos habientes de la modernidad se brindaban para recibir mensajes o facilitar el aparato para llamadas de urgencia. La instalación de líneas nuevas tardaba una vida. La compañía telefónica tenía locales en la ciudad, en algo semejantes a los locutorios actuales. Allí se concurría para solicitar la llamada que era establecida por la telefonista luego de operar la conexión insertando clavijas en una enorme consola.
Las comunicaciones. Un sistema como Internet era impensado, la comunicación masiva era epistolar. Las cartas se depositaban en los rojos buzones o en la Oficina de Correos que también recibía telegramas y depósitos de ahorro. Cada carta llevaba una estampilla del país de despacho. Los sellos postales se coleccionaban La demora en la recepción de las misivas emitidas dentro de la capital era de 3 a 4 días, desde el interior de una semana a dos y desde el exterior un mes. El servicio de Aéreo, acortaba los tiempos de entrega. Para esta modalidad se utilizaba papel y sobre de poco gramaje, como forma de achicar los costos del servicio que se cobraba por gramos de peso.
El cartero a domicilio cargaba sobre su espalda una bolsa de cuero repleta de cartas. Como el vigilante, era conocedor de los vecinos y de su historia. Su presencia era siempre aguardada, para recibir felices o indeseadas noticias.
Los helados comparados con la oferta actual eran reducidos en variedad de sabores.
Artefactos de audio eléctricos, no electrónicos. La victrola a cuerda fue desplazada por el tocadiscos eléctrico para 78 rpm. Un producto costoso era el combinado, ensamble de tocadiscos automático y radio, ambos instalados dentro de un importante mueble de madera lustrada que además facilitaba la guarda de los álbumes de discos.
Los juguetes eran de cartón, madera y latón. Funcionaban a cuerda. Las muñecas se elaboraban en trapo, paño lenci, pasta o porcelana. Los modelos Marilú, Mariquita Pérez y Bubilai cerraban los ojos y emitían llantitos.
Zapatillas: poca diversidad de marcas y modelos.
Fumar era de hombres; para esos tiempos pitar era considerado un hábito no una adicción, se fumaba masivamente, inclusive en los medios de transporte. En determinados ámbitos una dama que fumara era símbolo de vida disipada, en ello el cine tuvo su influencia forjando el personaje de femme fatal en el cual no podía faltar el cigarrillo y su largo filtro.
Medicamentos: así como actualmente se auto medica, en aquel momento los síntomas de algunas enfermedades o dolencias se trataban caseramente. Para el empacho de los niños, tirar el cuerito o la ramita de perejil, en adultos, si la cosa se tornaba rebelde, purgas con aceite de castor, enemas o píldoras Ross. Barrita de azufre para las contracturas. Resfríos y gripes se atacaban con ventosas, cataplasmas, friegas con Vic Vaporub e inhalaciones con frutos de eucaliptus. Paños con alcohol para el
dolor de estómago o una copita de Fernet. Ajo con leche para expulsar la lombriz solitaria. Emulsión de Scott, para el decaimiento o la falta de energías. Todo dolor de cabeza se cura con Geniol y nunca estaba de más un supositorio.
La lectura Infantil. Revistas de historietas Ti BIS, Paturuzú, Misterix, Intervalo ,publicaciones donde comenzaron su labor dibujantes y guionistas que trascendieron el ámbito local. Libros. Corazón o Pinocho me colmaban de angustia y aflicción que alejaban mi goce por la lectura. La Colección Robín Hood llegó revolucionando la novela para niños. Nos apasionaban esos libritos de tapas amarillas que prometían historias e ilustraciones atrapantes; Los Cuentos de la Alhambra, Robín Hood, el Príncipe Valiente, Bomba, el niño de la selva, El Tigre de la Malasia, La Capitana del Yucatán, La vuelta al mundo en 80 días. ¿Qué niña de aquellos tiempos no recuerda a Mujercitas?
En las escuelas se ponderaba sobre los beneficios de ahorrar, el ahorro es la base de la fortuna. Los alumnos teníamos nuestra libreta de Ahorro Postal.
Los niños no intervenían en las conversaciones de mayores. Para las comidas de muchos comensales, por un tiempo se impuso la moda de habilitar una mesa para los menores.
En las plazas vigilaba el Guardián, un custodio dispuesto a evitar destrozos o actos reñidos con la moral. En este último rubro, fijaba límites a las efusiones amorosas de las parejas.
No existía el desinfectante o insecticidas en aerosol. Para fumigar los ambientes, incluido el gallinero, se usaba Fluido Manchester o Acaroína. Para matar mosquitos se les echaba Flit con el flitero y para ahuyentarlos los espirales El Buda. Las moscas se eliminaban deportivamente, una por una, acertándole con la palmeta.
Nadie hablaba de: anorexia, aerobismo, clonación, tercera edad, globalización, stress, celulitis, ADN, implantes, clonación, ecología, riesgo país, precio del dólar, euro, sensación térmica, transexualidad.
Los Bancos unos pocos y sólidos.
Entre otras muchas cosas, no existían Internet, súper market, outlet fitness, aerosoles,el laser, fax, FM, , sachés, countries, DVD,CD, computadora, pilates, shoppings, teflón, microondas, plasma, locutorio, control remoto, delivery, freezer, kiwis, arándanos, el sushi, biodegradable, productos diet, soja, té verde, bebidas cola, pre pizzas, lavaderos automáticos, maxi kioscos, envasados al vacío, medicina prepaga, alimentos congelados, lavavajillas, velcro, cine color, fhoto shop, disket, MP3, MP4, microondas, ojotas, alimento para mascotas; nada era mini. |