Al sonar la primera campana nos quedamos duros. El patio parece llenarse de estatuas.
Cuando suena la segunda para formar, hacemos bochinche, pero mucho más hacemos en el recreo.
Todo el año hay malvones en las ventanas de las aulas, las flores son coloradas como las patas de mi gallo.
Si me trepo al bebedero para tomar agua, las mangas del delantal se mojan en el mármol. Con el calor es lindo; cuando uso pulóver no me gusta; no se seca.
A partir de mañana los coches circularán por la derecha como en los países adelantados. El turco Neme dice que a los ingleses les importa un soto y ellos van a seguir por la izquierda.
Los mapas del aula se cuartean igual que mi portafolio. A mi portafolio le falta una presilla Si paso de grado, el año que viene me van a compran uno de cuero. A los de cuero hay que lustrarlos con pomada Cobra.
La señorita de quinto grita mucho, la mía se llama Griselda, es rubia y buena, tiene olor a jaboncito de rosa. Cuando sea grande me gustaría ser su marido.
La maestra de música es chiquita y renga. La llaman la bataraza. En los ensayos del coro, Morlachi se agacha detrás de Estévez y cacarea. Un día la señorita se va a dar cuenta.
Los chorros de agua de los bebederos son saltarines y se cortan por momentos.
Cuando hay viento, la campana se mueve. A veces hace un tilín chiquito, Gonçalvez dice que es el Hombre Invisible. No es verdad.
La pelota para jugar al balón en gimnasia pierde estopa. El papa de Cuatrocchi la arreglará, es zapatero. La arregla gratis, si, gratis la arregla.
Los toldos del patio son verdes. La mitad está nueva, la otra mitad es vieja y tiene parchecitos. Cuando Nina tira de la soguita para correrlos, siempre me acuerdo de una de corsarios que vi en el cine.
Ayer aprendimos que Perón es incansable y parece que Evita encontró una razón para su vida.
Lattanzio, que es el más alto del grado, se peina con vaselina para que los rulos se le queden quietos. El dice que la Brancato no sirve porque hace pelusa cuando se seca.
La maestra, cuando revisa por higiene, a Lattanzio le levanta el pelo con un lápiz.
El pan puchado en el mate cocido se infla más rápido que en el chocolate. Tenes que apurarte, si se cae adentro del jarrito es un lío. El chocolate lo sirven sólo para las fiestas patrias. También ese día la Cooperadora te da alfajores y caramelos Néstle.
Yo sé que el pan en el chocolate se hincha más despacio porque en mi casa de vez en cuando lo hacen, y entonces hago la prueba. En verano sólo tomamos Toddy. chocolate no, porque hace calor.
Ya no me da vergüenza llevar los cuadernos a la Dirección ni leer en voz alta en el frente. Lo que no me gusta hacer las cuentas en el pizarrón. De los nervios me viene sueño y me olvido todo. Cuando leemos, la maestra parece distraída anotando en el cuaderno de Asistencia; pero si te equivocas, aunque sea una coma, sin levantar la vista pronuncia tu apellido y te corrige. Seguro que se aprendió el libro de memoria.
Los miércoles hacemos ejercicios y jugamos al balón en el patio del fondo. El jueves me cambio de delantal. El nuevo es marca Roveda, tiene pinzas, pero no me gusta porque parezco una nena.
Sapochnik siempre se olvida de pararse cuando pasan lista en el aula. La señorita no sabe más que hacer con él; lo dice ella.
Mi escuela antes se llamaba con un número, ahora es la Jorge Newbery.
Jorge Newbery, primero batió el record mundial de altura y después volando bajito se estrelló en Mendoza y se volvió héroe.
Yo sé hacer aviones con madera balsa. El año pasado armé un Teniente Origone. Un poco me ayudó Daguerre que está en quinto.
González trae a escondidas lupines; nunca convida. Si le pedís te pregunta -¿y vos qué me das?- Es un tacaño, antes que convidar prefiere tirarlos en la clase música o en el recreo. ¡en la cabeza te los tira! pero no duelen como los granitos de arroz.
Los porteros son esposos pero casi no se hablan. Cuando trabajan se tratan de usted y se llaman por el apellido, deben estar siempre enojados. Con nosotros seguro que no, porque nosotros les hacemos caso.
El padre de Nando espera en la Dirección. A Nando loencontraron fumando en el baño. El padre de Nando no sabe nada. El papá de Nando se llama Fernando Nazareno, trabaja en la metalúrgica y tiene las dos manos muy grandes y negras, una con un dedo menos.
Está prohibido jugar a las figuritas en el recreo. Ayer, a escondidas, en el baño, me gané tres jugando un puchero, de las tres, una es medio difícil, si la tengo repetida de seguro que la cambio por dos, o por cuatro.
El colorado Woda ya no viene a clase, se cambió de escuela. La señorita dijo: -¡Por fin!
Me gusta cuando enceran los pisos de las aulas, el olor me recuerda a mi mamá.
El que usa mi banco en el turno de la tarde, dos por tres me seca el tintero. Siempre lo llena con trocitos de tiza o bolitas de papel secante. El otro día en el estante de abajo del banco, dejo un cacho de pan, estaba duro.
Ayer cuando formamos en fila al levantar el brazo para tomar distancia, Yánez me clavó un dedo en la axila, le grité: -¡infeliz!- y le pisé un pie. La primera hora estuve parado en el rincón. Al principio estaba de frente a la clase pero me hacían reír, entonces la señorita dijo: -¡Es un bochorno! y me dio vuelta de espalda.
Mi mamá me hizo un limpiaplumas de paño lenci. Se lo pedí de color rojo por Argentinos Juniors, entonces ella le puso en el medio un botón blanco. Los que no saben se creen que soy de River, a mí no me importa.
A la mañana me trae mi papá. Ahora, de vuelta, me voy con los Gutiérrez que son más grandes.
El año que viene voy a venir solo porque paso a tercero.
Foto Archivo General de la Nación |