Foto del Archivo General de la Nación-El vasco lechero
En época de mi infancia en mi barrio muchas entidades eran estipuladas, firmes y previsibles, entre otras, la actividad laboral vinculada a la nacionalidad.
Con un alto nivel de acierto usted podía afirmar, si es dueño o mozo de restaurante o bar, es gallego; si es almacenero también.
Carpintero o albañil: es italiano. Vendedor ambulante de baratijas, un turco. Japoneses eran los tintoreros y los vascos lecheros.
Un muestrario a veces exagerado de estos estereotipos se vio plasmado en expresiones artísticas que han llegado hasta nuestros días, testimonio contemporáneo, es el entrañable Manolito de Quino.
Miles de estos hombres y mujeres, inmigrantes originarios de diversas culturas, muchos de ellos analfabetos, fueron coincidentes en un objetivo, facilitar la instrucción de sus hijos como la llave para su futuro progreso.
La convicción y el esfuerzo de estas gentes impulsó en nuestro país una creciente movilidad social.
Comercios, servicios y comerciantes
La Feria Franca instalaba a lo largo de una cuadra sus puestos entoldados. Enmarcaban su trajín matinal murmullos constantes de voces, expresadas en dialectos foráneos y ofertas ponderadas a los gritos. No sólo era aquel un circuito de compras; daba lugar para el esparcimiento, referencias para fijar encuentros y oficina móvil del quinielero
El almacenero del barrio era una institución, en un escalón por arriba del farmacéutico. Prestaba el teléfono, entregaba los grandes pedidos a domicilio, vendía a crédito anotando el monto de la compra en libretitas de tapas de hule, deuda a cancelar en el fin de mes o por quincena. El Señor Almacenero era un artista para armar vidrieras y un as para las cuentas. Se llamaba Arcadio López.
El merchante; con esta denominación castiza del comerciante ambulante o que no posee un establecimiento fijo, se denominaba a los vendedores a domicilio que acarreaba sus mercancías en bicicleta, triciclo de repartidor, a pie, en carros de mano o tirados por caballos.
Entre los de presencia diaria, el más clásico fue el lechero y aquí no puedo dejar de recordar a Manzanita, aficionado ciclista, llegando a casa con sus dos vacas las que ordeñaba a la vista del cliente.
Otros rubros debido a la particularidad del producto o servicio se presentaban con regularidad en determinadas fecha y horarios. En esa nomenclatura se apuntan, el carbonero, el tachero, eximio reparador de recipientes metálicos, el verdulero, el escobero y el pollero que vendía sus aves vivas y huevos frescos. El pescador portaba en equilibrio sobre sus hombros una caña de bambú con una canasta en cada punta de las sobresalían colas y cabezas de pescados los que preservaba con hielo.
Sujeto institucional en todo el país fue El Turco de la Valija. Marchaba de a pie, casa por casa; persuadiendo a las damas sobre las bondades de sus telas y artículos de tocador, que atesoraba atiborrados dentro su abultada valija.
Merchantes de estación cuya actividad no halló huecos en la avasallante modernidad fueron el yelero que fraccionaba la barra de hielo a golpes de punzón entregando en mano el gélido trozo y el cardador: artesano de la primavera, época en la que se reacondicionaban los colchones y almohadas de lana.
La normativas municipales adecuadas a la evolución capitalina esfumaron del paisaje callejero al canastero y su carro cargado hasta el techo de variados artículos de mimbre y el gansero dequien guardo visiones de su llegada antecedido por una veintena de aves graznadoras y bamboleantes a las que alineaba chasqueando sobre el asfalto una larga vara.
La presencia del Heladero Laponia era valorada por adultos ychiquilines. Escuchar en la siesta veraniega, Palito bombón helado, auguraba en pleno rigor de la canícula una pausa placentera.
Periódicamente cruzaba frente a mi casa un ser enigmático.
Ataviado de uniforme negro y negra galera, pedaleaba presuroso sobre una negra bicicleta, portando negros cepillos.
Nos preguntábamos -¿de dónde viene y a dónde llega?, lo que se sabía con certeza que sólo podía vestir de tal manera, el deshollinador de chimeneas.