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Juan Pino
Buenos Aires - Argentina
Un lugar de encuentro, un momento fugaz para compartir vivencias, un espacio de recuerdos.
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Últimos comentarios de este Blog

07/09/11 | 03:25: noemi dice:
hola, me encanto leer esta pagina, me sirve informacion de buenos aires, porque empiezo a escribir mi segundo libro, mi papà nacio allà, y creci con sus historias, de barrio capitalino!!
25/07/11 | 17:50: stella maris dice:
Hermoso blog, ! seguro que nos encanta rememorar las costumbres de nuestra infancia y que los mas jovenes las conozcan! Naci y creci en Devoto,y me gusta viajar en el tiempo a reencontrarme con esa etapa! Abrazos!
10/09/09 | 11:06: susana ricca dice:
ME ADHIERO A LOS COMENTARIOS QUE TE HAN HECHO, AUNQUE NO VIVI EN EL BARRIO, PERO ME HACES ACORDAR MIS CINES DE CONSTITUCION Y OTRO QUE ESTABA EN LIBERTAD Y M.T. DE ALVEAR PUES LUEGO DE IR A ESE CINE, MI MAMA NOS LLEVABA A COMER PIZZA AL \"CUARTITO\", ERA UN FESTÍN!. SU
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Quisiera alertar a los visitantes de estas páginas que las mismas no pretenden adquirir categoría de revisión histórica y menos aún alcanzar alturas de obra literaria, por el simple hecho de no poseer quien las escribe capacidades en grado necesario para tal fin.

Rememorando,intentar ser un lugar dedicado a los mayores de 50 años incluye narraciónes de breves episodios enmarcados en el acontecer cotidiano de un humilde barrio de Buenos Aires en la década de 1940, lapso a partir del cual la modernidad avanza sin pausas y comienza a diluirse la mixtura de añoranzas, utopías y costumbres pueblerinas dentro de la cuales transcurrieron los primeros años de mi vida.
Las poesías que figuraban en este blog pronto seran incorporadas al blog MomentAños en preparación-Gracias




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Rememorando -Historias de la Costanera Sur



Rememorando -Historias de la Costanera Sur

 

MI HISTORIA ANTERIOR

Relatos de la Costanera Sur  1916-1918

Tercer Premio del Certamen Rastreando Recuerdos

Centro  Internacional para la Conservación del Patrimonio

En este escrito recupero  recuerdos  de mi madre, ya   fallecida, quien  por esos aconteceres  que ofrece la vida  modeló  tres años de su infancia  en contacto con  el Río de la Plata.

Múltiples y emotivos episodios contaba ella con reiterado placer. Narraciones que tanto  me maravillaban  de niño y hoy me siguen acompañando.

Para testificar   autenticidad   de  lo aquí contado,  he rastreado durante un largo  período,   datos   y   fotografías   que   al   ser descubiertas   parecieron   estar esperándome en las gavetas del Archivo General de la Nación.

El  armado de este rompecabezas  incompleto por tanto tiempo, me ha dado   el privilegio   del reencuentro y  la  emoción.

La casa en el río  1916

Don  Carlos Zanichi, era mi  abuelo materno, genovés  nacido en Ligonchio. Reconocido   por su   labor como capataz de la Walker   &   Co., constructora   del   Puerto Nuevo, recibió   del entonces Ministerio de  Obras  Públicas de la  Municipalidad, la oferta   de  trabajar en   las futuras   obras   del Paseo   de la Costanera Sur, gran oportunidad  para   conservar su  continuidad laboral  en épocas de   crisis.  Por tal  motivo, la familia toda  se trasladó  de la  casa en la que  habitaban en  Avellaneda a la vivienda  ubicada  dentro  del    inmenso  obrador ubicado  en el lugar donde hoy se erige  el monumento a Luis Viale. (1)

En  el traslado  no  faltó  nada , incluidos, el  perro  “ Caronte’’,   la cabrita asegurando  la provisión  de leche fresca sin faltar los enseres para elaborar el   vino casero,   práctica anual aborrecida por   mi madre   y sus dos   hermanitos   únicos encargados        de pisar  la  uva.

Ubicada dentro   del depósito de materiales, la casa   de madera era  confortable. Su fondo daba  sobre el río, cuyas aguas en oportunidades llegaba  hasta  los pilotes que mantenían la construcción   resguardada  de las crecidas.

En poco tiempo los tres niños  se hicieron habitantes de la costa. Reconocían por el  sonido de  las palabras la nacionalidad de  los   marineros  y obreros  que  transitaban    la  obra  en construcción.

Utilizando   el catalejo   que “Don Carlos “conservaba de sus viajes de ultramar,  aprendieron a  identificar   el   origen de los  barcos que  entraban  al  fondeadero. La  llegada de  las naves preanunciaban   el arribo de  antiguos camaradas de mi abuelo, que  visitaban   la   casa trayendo   de regalo   alimentos  que mi abuela con amor y sapiencia trasmutaba en manjares que despertaban con sus   sabores y  aromas   nostalgias   del lejano pese.

El  vino  generoso,  el tabaco  americano  y la fragancia  del  café brasileño acompañaban  las extendidas sobremesas donde eran inevitables   recurrentes  reseñas de la terrible guerra europea en la cual muchos de los asistentes se encontrarían implicados  en el  corto plazo.

Camino a  la escuela

Debido a la carencia   de   vacantes en   escuelas cercanas a la casa,  mi  madre comenzó  su educación en  la escuela Deán Funes  de la calle Defensa 1431. El trayecto lo realizaba     a pie tutelada por su      hermana, con quien a diario cumplían   el siguiente itinerario,  luego de   pasar  por  el puente que separa los diques 2  y 3,  bordeaban la  Aduana. Cruzando el   Paseo Colón remontaban   la cuesta de Avenida Belgrano hasta Defensa,  de allí  derechito a  la placita Dorrego frente a la cual    vivía   su entrañable    compañera de   grado, “la turquita”  Victoria  Daian,  que  según  parece   remoloneaba en demasía para tomar su desayuno

Finalizada la  espera   durante   la  cual  las  dos  Zanichi   se reconfortaban comiendo   galletitas ofrecidas por   mamá   Daian, las tres amigas   se   dirigían   al colegio   que  se encuentra a pocos metros del  Parque  Lezama.

Del diario trayecto quedaría consolidado  en su recuerdo la visión de los  inquilinatos y sus miserias; el convoy de piezas con sus precarios  fogones  alineados  a lo  largo  de los  patios,  la yerba secándose al sol y esa disposición  permanente  de   hombres y mujeres  para cantar tangos de moda cuyas   letras   junto con  los versos de Almafuerte, la “Nona Inés” recitaría   de corrido hasta avanzada edad.

El milagro  22 de junio  1918

Ver nevar por primera vez y contemplarlo con ojos de  niño  fue un  espectáculo  imborrable  que mi  madre relataba  con renovado placer;   en la  media  tarde  el cielo de Buenos Aires se oscureció rápidamente,  lo  que comenzara como  tenue   llovizna se  fue espesando   en nevada que  cubriría los  árboles dando la imagen de  sus  ramas florecidas. Pese al intenso frío,  la  familia  en  pleno  corrió  hacia  la  orillas  del  río para presenciar el  espectáculo de  la nieve  cayendo  sobre el agua y la ciudad.

Frustrados jinetes 1918

Mi abuelo en su condición de    capataz,   tenía libre acceso   al depósito   anexo   de la casa  donde  se resguardaban  las figuras de la Fuente de las  Nereidas, monumento   que luego de intrigas  y contratiempos  cambiaba  su  emplazamiento  en  el Paseo  de  Julio  (hoy  L. N. Além y  Perón)  a la plazoleta  del futuro  Balneario Municipal.

Pese a  cargar mi abuelo con bien ganada   fama de  severo, la curiosidad   de sus   hijos pudo   más   que la precaución  y   a escondidas los tres   ingresaron al   depósito intentando sin   éxito montar un rampante    caballo que   era   una   atracción consensuada y compartida por los  tres  precoces insurrectos.

La instalación

El  primer  día    del  montaje  del grupo  escultórico  los  tres frustrados   jinetes,  pudieron contemplar a prudente distancia los trabajos  de tan importante  y  atípica  labor  que demandaría largas  jornadas en las  cuales la escultora Lola Mora asumía   personalmente la dirección de   obra.

Más allá de los más y los menos,  que el tiempo y la fantasía forjan   en  los recuerdos,   cuatro detalles   se  mantuvieron constantes en las frecuentes    narraciones que  mi madre hacia del hecho.  El día era gris y   lloviznaba.   Las estatuas de un blanco reluciente se encontraban   dispersas sobre  el pavimento. Lola  Mora,  bonita y  morena,  cubierta  con  un  largo  capote recorría en círculo  la fuente. Su  voz era potente y sus ademanes enérgicos. Los   hombres de la cuadrilla, en silencio,   obedecían respetuosos  las  permanentes directivas  de aquella talentosa y polémica   mujer de quien que tanto se hablaba.

El fin de la Gran Guerra 11 de noviembre 1918

El conflicto que   consumía a Europa   se vivía en Buenos Aires con angustia.  Las noticias  de algo  cruel y   distante agobiaba  a la población,   hecho fácil  de  vivenciar   considerando   que   la ciudad   se encontraba mayoritariamente habitada por inmigrantes europeo.

En  la     media   mañana   la maestra interrumpió   la  clase comunicando la noticia más esperada: “La guerra  ha terminado”. Toda actividad  en la ciudad  se interrumpió  al instante.

Durante  el trayecto  de regreso  a su hogar  Inés y su hermana Clementina   marcharon   en   medio   de   una muchedumbre llorosa  y exultante  que  convergía  a la Avenida  de Mayo entonando   cantos espontáneos en los que   se hermanaban   el Himno Nacional  con estrofas de la Marsellesa.               

La sirena del diario La  Prensa ululaba  sin descanso, esta vez para anunciar un acontecimiento venturoso.

La temible epidemia  de  influenza  y los serios  conflictos sociales que en poco     meses  alcanzarían su punto máximo con Los  terribles   acontecimientos   de  la Semana   Trágica no atenuaron  los festejos que se  prolongaron   durante semanas.

Sobre los terraplenes del obrador silencioso   por el feriado, danzaba la niña  Inés agitando  banderitas multicolores.   Lejos, solo en  la distancia,  en  un hospital de  Roma,  José, un  joven  soldado  herido en  combate  se  abrazaba  a  sus  camaradas festejando   el armisticio y la ventura de continuar con vida.

Diez  y  ocho  años  mas  tarde,   en  Sarandí  o en  un  lugar  impensado,   Inés y  José   generaban  mi vida, de la cual les relato  estas  historias.  


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