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Juan Pino
Buenos Aires - Argentina
Un lugar de encuentro, un momento fugaz para compartir vivencias, un espacio de recuerdos.
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Últimos comentarios de este Blog

07/09/11 | 03:25: noemi dice:
hola, me encanto leer esta pagina, me sirve informacion de buenos aires, porque empiezo a escribir mi segundo libro, mi papà nacio allà, y creci con sus historias, de barrio capitalino!!
25/07/11 | 17:50: stella maris dice:
Hermoso blog, ! seguro que nos encanta rememorar las costumbres de nuestra infancia y que los mas jovenes las conozcan! Naci y creci en Devoto,y me gusta viajar en el tiempo a reencontrarme con esa etapa! Abrazos!
10/09/09 | 11:06: susana ricca dice:
ME ADHIERO A LOS COMENTARIOS QUE TE HAN HECHO, AUNQUE NO VIVI EN EL BARRIO, PERO ME HACES ACORDAR MIS CINES DE CONSTITUCION Y OTRO QUE ESTABA EN LIBERTAD Y M.T. DE ALVEAR PUES LUEGO DE IR A ESE CINE, MI MAMA NOS LLEVABA A COMER PIZZA AL \"CUARTITO\", ERA UN FESTÍN!. SU
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Quisiera alertar a los visitantes de estas páginas que las mismas no pretenden adquirir categoría de revisión histórica y menos aún alcanzar alturas de obra literaria, por el simple hecho de no poseer quien las escribe capacidades en grado necesario para tal fin.

Rememorando,intentar ser un lugar dedicado a los mayores de 50 años incluye narraciónes de breves episodios enmarcados en el acontecer cotidiano de un humilde barrio de Buenos Aires en la década de 1940, lapso a partir del cual la modernidad avanza sin pausas y comienza a diluirse la mixtura de añoranzas, utopías y costumbres pueblerinas dentro de la cuales transcurrieron los primeros años de mi vida.
Las poesías que figuraban en este blog pronto seran incorporadas al blog MomentAños en preparación-Gracias




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Rememorando - El velorio 1943



 

 

El velorio 1943

La resistencia    a modificar   usos y costumbres sumada  a  la aprensión   por  los nuevos  aparatos eléctricos, fueron  las barreras  que debieron superar los modernos artefactos para ingresar al barrio.

El método de  calefaccionar   las  camas  no escapó  a la  regla. El innovador  calientapiés eléctrico confrontó  por  varios inviernos con la   bolsa de goma, el porrón de ginebra  lleno de agua hirviente  y el  ladrillo calentado  en las brasas  y envuelto luego en  paños de lana.

Existía  otro procedimiento,   casi en desuso, que conocí una noche y   de la  que  guardo   imborrable recordación.

Debido al fallecimiento   de mi abuelo materno, mis padres se ausentaron por un día para estar presentes  en el velatorio que se realizaba en la vivienda del fallecido.      Debí entonces pernoctar  en   casa de una vecina, planchadora  desde niña   y viuda desde  hacía pocos meses.

El dormitorio era amplio y mal iluminado  por un solo  velador con pantalla de opalina cerosa y marmórea.

Antes de  irnos a  dormir la solícita  señora comenzó a  calentar el  enorme lecho matrimonial, pasando por largo rato sobre la sábana de hilo una de sus  planchas  a carbón. En penumbras  la negra  figura de la mujer, se mecía sobre el  rojizo resplandor emergente   de los carboncitos   insertos dentro la plancha.   La escena revivió crudas descripciones del  fuego satánico  que de corriente nos  era brindada por  el  axiomático padre Domingo.

Penetrado  por crecientes  temores  sólo atiné  a murmurar

– Buenas noches - y me acosté, hecho un ovillo,  de  espaldas a la viuda -si pasaba algo, mejor no verlo venir.

Pensar que mi cuerpo ocupaba espacios originarios del difunto esposo  en conjunción  con  indelebles   imágenes  de   ardientes puniciones,   provocaron en mí personita creciente desasosiego. Mis  constantes     vueltas  en  la  cama   las  remataba  con rodillazos en los riñones y piernas  de mi  estoica anfitriona.

Los dos recibimos al nuevo día sin habernos reconciliado con el  sueño.

No tengo dudas que  nuestro desvelo superó  con holgura  la vigilia de  los asistentes al velorio.

 

 


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