Mi calle -Año 1947
Hace pocos años me enteré de una llamativa contingencia: la calle Terrada con anterioridad a los años 30, se llamaba Turín, ciudad natal de mi padre, referencia siempre presente en su nostalgias que dulcificaba con su amor por Buenos Aires y el tango; sólo el cantado por Gardel.
Seguramente mi progenitor desconocía esta coincidencia, ya que nunca hablamos de ella, estimo que de saberlo se hubiese alegrado.
Salir a la vereda; en mi caso, era un premio a las buenas notas del colegio y la manifiesta disposición para colaborar en las tareas hogareñas.
No puedo rememorar mi calle sin la visión de sus jóvenes paraísos de negros troncos estriados poco amigables para ser trepados en busca de sus “venenitos”, pequeños frutos duros y verdosos que con furia lanzábamos al boleo en la oscuridad del Cine Presidente Mitre.
Cuando el viento sur arreciaba la zona se impregnaba de olor a tabaco proveniente de la Particulares y en otros momentos Eolo nos deleitaba con aromas de café, entonces nos anoticiábamos que en la Bonafide, estaban de molienda.
Teníamos vedado salir del espacio aledaño a la casa sin antes dar aviso. En aquella edad de siete años, la mayor aventura en contravención consistía en dar al trotecito una vuelta a la manzana para espiar los caballos en el corralón de los Cambiazzo o aventurarnos hasta una casucha de la calle Bolivia y contemplar el indescifrable misterio de un barco amarrado en el patio.
Yo veía a mi cuadra renovada, crecida en edificaciones de casitas de frente liso y relucientes puertas macizas que impedían ver qué sucedía dentro.
Sorprendidos por nuestra capacidad de reflexión, filosofandocon otros congéneres, llegamos a la conclusión que las nuevas moradas mayoritariamente tenían terraza, pero ninguna conservaba su antiguo jardín. Este significativo descubrimiento generó prolongados intercambios de pareceres sobre los beneficios de la innovación. Ninguno fue publicado.
Cómo olvidarte, calle mía, recta para correr sin meta de llegada. Indefinida cancha de fútbol. Coto privado para cazar mariposas. Rampa de despegue para remontar barriletes. Circuito ondulante trazado con tiza que recorríamos de rodillas lanzando por turno autitos rellenos con masilla evitando el derrapar en las desvanecidas curvas
- ¡Vamos Chivo, vamos Ford!
Para nosotros, entre otros usos, si se quiere, de menor valía, era también una zona propicia para que circularan vecinos, carros y de tanto en tanto, un automóvil. |