¿Te acordás de Hiroshima?
REVELACIONES 6-12 APOCALIPSIS - SAGRADAS ESCRITURAS
“Y vi cuando abrió el sexto sello y ocurrió un gran terremoto; y el sol se puso negro como saco de pelo, y la luna entera se puso como sangre. Y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como cuando una higuera sacudida por un fuerte viento echa sus higos aún no maduros Y el cielo se apartó como un rollo que se va enrollando y toda montaña y toda isla fueron removidas de sus lugares Y los reyes de la tierra y los de primer rango y los comandantes militares y los ricos y los fuertes y todo esclavo y toda persona libre se escondieron en las cuevas y en la masa de roca de las montañas. Y siguieron diciendo a las montañas y a la masa de rocas: Caigan sobre nosotros y escondámonos del rostro del que está sentado en el trono y de la ira del cordero, porque, ha llegado el gran día de la ira de ellos, ¿y quién puede estar de pie?
WASHINGTON - 6 DE AGOSTO DE 1945 –
El presidente Truman de Estados Unidos, anunciaba al mundo el lanzamiento de la bomba atómica
“… hace 16 horas un avión norteamericano lanzó una bomba en Hiroshima, importante base militar japonesa. Esa bomba tenía más potencia que veinte mil toneladas de trinitrotolueno y es dos mil veces más poderosa que la británica Gran Slam, la mayor bomba utilizada en la historia de la guerra con anterioridad. Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbour. Se les ha pagado ya con creces y aún no ha llegado el fin. Se ha logrado sujetar la potencia máxima del universo. La fuerza de la cual el sol toma su potencia ha sido desatada contra los que llevaron la guerra en Extremo Oriente “
HIROSHIMA - 7 DE AGOSTO DE 1945 –
En nueve segundos, Hiroshima quedó devastada; en un radio de 6 kilómetros. Caravanas de sobrevivientes buscarán calmar el dolor de sus llagas y sus muertos. Una lluvia de cenizas descenderá sobre las ruinas y los despojos. Los pájaros no regresarán, las semillas desconocerán la tierra, las mutaciones de los cuerpos serán un recuerdo visible, la razón no encontrará respuestas. En nueve segundos doscientos mil muertos y ochenta mil heridos. Días después una segunda bomba era arrojada sobre Nagasaki.
BUENOS AIRES- 8 DE AGOSTO DE 1945
Era invierno, pero la brillantez del mediodía jugaba a las escondidas con el calendario. Recién llegado de la escuela, el único niño de la casa extraña los perfumados besos de bienvenida. Sorprendido por su olvido recuerda que su madre trabaja en el turno de mañana.
Sin urgencia organiza las horas que restan hasta el reencuentro. Su padre cocina polenta, a falta de empleo, oficia de madre sustituta. El barrio comenta:
- No labura y encima hace de mina.
El niño no es ajeno al chismorreo, sufre silenciosamente, en la calle, en la escuela y muy dentro de su pequeñita vida su amor en rebeldía frente a tanto ensañamiento crece en veneración por ese hombrecito, padre añoso, tierno y manso.
Era día de orear la ropa de cama. La acción del sol sobre las telas junto con el uso de bolsitas de alcanfor dentro de las almohadas previene enfermedades; igualito, lo dice Inés, que además de ser su mamá es enfermera diplomada.
Estirando el tiempo que resta para el almuerzo, regresa al patio y se zambulle sobre las frazadas que han caído de la vara que las sostenía. Aquel revoltijo de telas son las olas del mar, que aún no ha conocido, y allí va.
Después de cada chapuzón de utilería, reposa tendido sobre el piso contemplando la magra figura del inquilino enmarcando la entrada a su pieza. Siempre esta allí con el buen tiempo, encorvado sobre las noticias del El Mundo.
Con lo poco que le resta de energías retorna vehemente al simulacro natatorio.
Agotado por tantas volteretas, aquieta el cuerpo boca abajo regulando el húmedo calor de su nariz sobre la colcha de lana. En voz alta, el inquilino jubilado conversa con su padre desocupado propietario. Sin verse, mantienen a distancia un diálogo que cruza sobre el patio trazando un puentecito de frases inconexas que el niño se obstina en retener.
Iniciando una nueva etapa de aburrimiento se voltea lentamente con los brazos en cruz, arropado por un cielo tan cercano que cree sólo suyo. Una disciplinada bandada de pájaros altera la contemplación de la azul monotonía. Con fastidio descubre que en el breve descuido algunas palabras que supuso retenidas se han fugado de su memoria persiguiendo el rumbo de las aves. Esforzando su memoria rescata un sonido extraño y sin sentido,al que presurosos sus labios le dan forma de letanía, hiroshimaaa hiroshimamaaa… El patio se ha quedado vacio, sólo él y su sombra parecen habitarlo.
Leve el viento trepa sobre la silla de paja solitaria, las hojas del diario tiritan intermitentes. En un solo brinco, el niño aburrido salta, se sienta sobre ella y se cruza de piernas. Encumbrado por su proeza no cesa de rebotar sobre el asiento, la silla cruje reclamando más cordura, el diario escapa al piso. Es el momento esperado en estas ocasiones; leer de ojito e lperiódico ajeno, nunca pidió permiso al inquilino, tampoco él le dijo - te lo presto- pero su mirada de ojos acuosos que siempre ríen complacientes, han sellado desde hace tiempo un cómplice acuerdo.
Los titulares del día son de letras muy grandotas, como las que anunciaron el terremoto de San Juan, no lo inquieta la observación, lo primero y único a ver, son los dibujitos.
La caricatura del día muestra una enorme bomba persiguiendo a un japonesito vestido de frac y galera. La figurita le parece graciosa, pero si él fuera el autor del dibujo y para eso la maestra dice: -el niño tiene condiciones- hubiera puesto más cuadritos. En uno la bomba alcanza al japonés que despavorido monta sobre ella como un jinete. En el otro, el proyectil remonta vuelo, sube y sube perforando las nubes. En el siguiente, imprevistamente la bomba entra en picada; el japonés primero pierde los anteojos, después la ropa hasta quedar desnudo y en el final la bomba estalla sobre el piso y el cuerpo vuela sobre los árboles, al infinito, y ojala así sea.
¡Bien merecido lo tienen, perros amarillos! traicioneros guerreros que escondidos sobre las palmeras disparan sobre la patrulla americana diezmada por las traicioneras trampas de bambú.
Es pura verdad, está convencido, lo vio en Regreso a Batán y lo muestran las Life en castellano que tiene el Dr. Slech en su consultorio.
En el límite de su exaltación germina en su corazoncito una cálida imagen que lo rescata del encono, Terruya, el japonés, eternamente sonríe regalando barquitos hechos con recortes de madera .Todos dicen que Terruya es un buen hombre y debe serlo porque es la única persona a quien su Nono enseñó los secretos del vino de la costa (1) y terminaron tan compañeros que ahora lo hacen a medias.
Y se siente dichoso, pleno de una placidez desconocida; ha percibido sin descubrirlo el poder del afecto. Mirando sin objetivos, contempla un cielo que ya no es el mismo, la ansiedad que simulaba estar dormida se adueña de su mente ¿Cuándo llegue mamá estaré despierto?
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La Segunda Guerra Mundial había segado 65.000.000 de vidas humanas. Cinco años después se inician los conflictos en Corea. La guerra jamás se detuvo.
Suponer que los conflictos beligerantes por breves o limitados a lejanos países y culturas diferentes no nos son propios, ha sido una de las causas que alimentan la continuidad de este flagelo. Es doloroso pero insoslayable que nuestra civilización, hasta el presente, no haya descubierto la clave para concretar los eternos llamados a la concordia que permitan fijar las bases fundacionales de un futuro de real evolución humana. Sin embargo, la clave de la conciliación y el encuentro entre los seres existe: está dentro de nosotros.
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La palabra que encierra la verdad no puede pronunciarse en ambientes de violencia ni en aquéllos en los cuales reina aparentemente la paz, sino donde ella representa una necesidad imprescindible para el espíritu, como lo es el agua para el organismo. Y he dicho en los ambientes donde reina en apariencia la paz, porque en el concepto común se considera que hay paz cuando no hay guerra. Lo que menos se sospecha es que la guerra constituye la culminación de una serie de violencias que fueron gestando silenciosamente la tragedia en las mentes humanas.
Será infructuosa la labor de los hombres que hoy tienen en sus manos la organización futura del mundo, si piensan que la paz podrá establecerse con miras permanentes, sin ser cultivada primero en la mente de cada uno.
Montevideo 23 de marzo de 1943 - Carlos Bernardo Pecotche, pensador y humanista argentino creador de la Logosofía
(1) Los italianos radicados en la cercanías de Avellaneda elaboraban vino casero con uvas cosechadas en los viñedos de la costa sur del Rio de la Plata Al lugar se accedía por el camino de tierra que bordeaba el Arroyo Sarandí o en botes que recorrían su curso de agua. De allí proviene la antigua denominación Vino de la Costa. |